de oro rubí ni esmeralda,
ya de flóres no se cubre,
la hermosa huerta murciana.
Ya los naranjos se secan,
y la acéquia ya no canta,
el rio se ha vuleto gris,
llora su desesperanza.
Y recuerda que hace tiempo,
la belleza impresinaba,
de aquellas riveras verdes,
que mi Segura regaba.
Las hojas de la morera,
caen al suelo como lánzas
y los gusanos se mueren,
cubiertos de seda blanca.
Las guitarras, se estrmecen,
las castañuelas, se callan,
la noria llora en silencio,
pues la acequia no trae agua.
El agua que nos da vida,
la vida que ahora me falta,
cuando paso por mi huerta,
que penica da mirarla.
Ni los graciosos jilgueros,
al viento su trino lanzan,
solo se oye con el viento,
el sollozo de las cañas.
Grandes móles de hormigón,
por los naranjos se cambian,
pues como ya no interesan,
lo que no vale, "se mata".
El caso es que se nos "muere"
y nadie viene a salvarla
ya no se vestrá mas
de oro rubí ni esmeralda
ni de blancos azahares,
la hermosa huerta murciana.


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